Carta del perro vagabundo a su gran pecadito mortal
Adorable Amorita:
la curiosidad por encontrarle una voz al alma de mis sentimientos, me fue llevando de un poeta otro. De la experiencia vivencial y de la calidad de nuestras lecturas, depende el tono y la profundidad de la voz de nuestros versos. No soporto la abstinencia total de los vicios en el poeta, porque sería como preferir el onanismo a las sensaciones lujuriosas de la carne al afiebrarse. El corazón de un poeta debe ser noble, ignorar las tentaciones del dinero y cuidadoso de los oropeles o de los pecados capitales disfrazados para tentar a la ignorancia. ¡Como ignorar con la mirada unos senos menudos y redondos, adornados por la concupiscencia y el desafío de las cerezas de sus pitones! El amor córnea cuando no se pasa rápido de las generosas miradas y palabras, a la amistad. El goce voluptuoso de los apetitos sexuales, conducen más a la saciedad amorosa de la ardiente sensualidad, que a un novelesco amorío en donde se subliminicen las relaciones íntimas. Existen mujeres bonitas, pero sólo usted es hermosa para mí. Jamás pude ni podré olvidar tus caricias, la imaginación de tu boca, la creatividad de tu cuerpo y los excitantes conocimientos de tu sexo. Del sexo me fascina la somnolencia o el sueño en la recuperación sexual. Grabó como retratos en mi memoria a las imágenes de tus cabellos. Me encantan los rizos en los que se enredan los versos del viento y las miradas de la lujuria. Contigo me he inspirado y perfeccionado en el conocimiento de la naturaleza, que es más sabio que los libros o las palabras necias de las "expertas sexólogas".
La inspiración libertina de tus labios, me ha permitido gozar de una enloquecedora lujuria. Es la putita engendrada con los mimosos besos que le robas a mis labios. Contemplo la belleza que aún conserva tu cuerpo y me recuerdas a las musas que inspiraron con la pasión de su fuego a los pinceles y al bronce de los maestros en el París y Madrid que conocí. Me encanta verte y acariciarte desnuda y sin depilar. Depilada lucirías como un árbol sin frutos o recién podado. Es curiosa la sensación que nace después de la saciedad. Si la pasión no nos aporta nada nuevo, busquemos y descubramos sensaciones. ¿Me regalaría la virginidad de tu protegido anito? ¿Descubrimos algo nuevo, compartiendo la desnudez con una de tus amigas? ¿No es más que una necia prevención, que el respeto a una prohibición teológica, el abandonar perjuicios necios y enriquecer nuestras historias con experiencias naturistas? Soy prudente y reservado, pero me has besado el falo como cuando picotea un pájaro carpintero a un cerezo en el otoño. Le has permitido sollozar y suspirar a mi tristeza. Creí que no volvería a caer en la trampa de un te quiero y me tienes encantado semana tras semana con los placeres más extraños y las sensaciones más elocuentes de tu género. No sé cuál puede ser la diferencia entre estar “encoñado” y locamente enamorado; siquiera mi corazón sabe qué hacer para no ser desleal con los favores que me permites ganar sin fuerza y sin dinero. A veces pienso que me avergüenza más la falsa discreción de tus generosas recompensas. ¿A cambio de qué? ¿De qué simplemente te ame, como tú me amas?
Hace mucho que me cometiste no volvería a hacer sufrir a mi cuerpo del ombligo para arriba y que me entregaría del ombligo para abajo, a satisfacer con dulzura a los calurosos placeres de mis picaditos. Sin amor ni sexo, no concibo mi literatura. Cuando me siento lejos de ti, me siento muerto y sólo aborto versos sin vida sobre el papel. Cuando te veo y te poseo, me siento vivo y mi corazón insaciable se excita narrando poro a poro, las sensaciones que transpira tu cuerpo. No me celes más, amor mío; recuerda que es la peor o la costumbre más fea de la sensualidad. Cierra los ojos. Abre y cierra las piernas 12 veces, si lees sentada esta misiva. Siente el ardor peligroso de las palabras. Agazápate sin temor sobre la piel de las formas literarias que te torturan. ¿Sabías que hay machos y hembras, entre las palabras? No te tortures con falsas sospechas de otra querida. Ni siquiera me masturbo cuando te recuerdo con ardor o mes ordenó bebiendo uno rones, whiskys o vodkas. Me ha encantado escuchar tus gemidos y estertores virtuales. Sé que te mojas de placer con el solo recordarme y releer algunos textos eróticos de los que te he dedicado.
Es curioso pero acabo de caer en cuenta en una loca necedad ¿hace cuánto que no hablamos a corazón abierto? ¿Nunca lo hicimos o lo hemos hecho? ¿Será que nuestra relación, no soporta confidencias?
Nunca supongas nada, porque es lo mismo a no saber nada. Hacerte llegar al orgasmo no es la sabiduría del vigor amoroso, sino es fruto del conocimiento de la práctica. Basta contar hasta 20 o un poco más y esa breve interrupción, permitirá gozar hasta que quedes extenuada. El amor es la única alternativa para descargar todo el fuego de tu voluptuosidad. Ya no gozo del vigor juvenil, pero sostenerme en un tres o cuatro, no es un mal hándicap. Ya no he vuelto a tener emisiones seminales nocturnas, pero a pesar de algunas erecciones al recordarte, siento que mi “fiel amigo” perdido longitud y grosor o ¿será la premonición imaginaria de una desventura andropausica? Pienso en mi pasado loco y siento vergüenza por mis actitudes e inverosímiles excusas por mis deslices amatorios. ¿Será que fueron sin razón, mis celos? ¿Será que era una anal y mediocre hombrecito, inmaduro y falto de mundo, cuando me casé? ¡Soy malvado hasta conmigo mismo! ¡Ella fue demasiado prudente, hasta que se cansó de soportar infidelidades y de esperarme! ¡Soy celoso de las sensaciones y de sus emociones! ¡me sentí como un uno o más en su vida, cuando eligió un color impuro para su vestido de novia! No recuerdo magia ni Impaciencia en su posesión. Simplemente me deslice en las prácticas tortuosas y voluptuosas, para poder ignorar el celo. Así me fui cansando del amor y de la vida. Viví a fondo blanco y me embriagué con generosidad con el falso amor que me compraba a cambio caricias o pequeñas dádivas mundanas.
El resentimiento se acabó como se acaba todo en la vida, pero para entonces ya estaba solo. Ni yo mismo me creería un juramento de fidelidad. Me involucre una y otra vez por miedo a la soledad y pagué con lágrimas los desahucios amorosos. Aún conservo recuerdos hermosos e inolvidables de algunas amantes fogosas. ¿Acaso no lo son, casi todas? Como quisiera poder nombrar algunas en memoria de esos instantes hermosos, sin temor a que te vuelvas loca o a perder que por culpa de una “demencial loca locura”.
El amor por los hijos siempre nos apacigua más rápido de lo imaginado. Una gran sorpresa sería un beso. ¡Nada me sorprende más, que el cambio en los sentimientos!! Ya no sé cómo imaginar un beso de sus labios! Es separarme su sombra, sería peor con suicidio. Aún no se qué fue lo que no pudo olvidar mi existencia, mi piel o mi inconsciente. En verdad me sorprende amada mía tu paciencia. Aún no comprendo cómo me has podido perdonar una y otra vez. Aún no entiendo, es porque confías en mis sueños. ¿Será que es de acero tu caparazón?
Hemos vivido espera momentos difíciles. Has conocido y superado, la desdicha de perder al gran amor de tu vida. El amor es como es, así nos pagué con infelicidad antes de irse. Conociste la amplitud sin egoísmo, así como compartimos y fuimos felices con muy poco o casi nada. Me conociste levantándome del fango, pero nunca pude sobreponerme a los golpes de la ruina. Confieso que más de una vez me prometí, que intentaría olvidarte. Hubo momentos en que llegué a pensar, que era el mismo amor es que más nos hacía daño. Jamás pude cancelar mis pelotas de afecto y de amor contigo. Te amo. Recibe como muestra de mi amor tardío, esta sencilla pero sentida carta.
Con los mejores deseos de mi pasión, Tu Amorito vagabundo.
2009-10-22