EL CONTADOR DE CUENTOS
EL ANCIANO CONTADOR DE CUENTOS
Andrés como solía hacerlo le repetía a su hija Sybel el mismo cuento todas las noches para hacerla dormir. Cada vez le aumentaba un párrafo porque ella se lo había pedido. Así que con éste cuento sumaban mil y uno mas.
Es la historia de un ancianito sin nombre contador de cuentos que vivía en lo alto de la cordillera donde acostumbraba a conversar con las estrellas y a explicar a los habitantes de su aldea, los subterfugios del destino y los misterios del tiempo. También era capaz de interpretar los sueños, reconocer con el olfato los vientos premonitorios, a escuchar y descifrar las colisiones de los cometas, ver el futuro en la pupila de los ojos de los enamorados, observar el comportamiento de los animals y palpar los latidos de la tierra cuando anunciaban un terremoto, un huracán o la llegada de forasteros codiciosos. En esa aldea no habían divorcios, ni crímenes o disputas familiares serias, ni hijos o padres que abandonaran el hogar.
Nadie tiene memoria o la existencia de algún record de la fecha de nacimiento del anciano, pero el mismo contaba que nació de la raíz de la la milpa en una luna llena de un Octubre en el mismo momento que dos cometas colisionaban en la galaxia. Era el chamán o consejero del pueblo y con él se resolvian los problemas de distribución y el trabajo en la propiedad comunal, los aparejamientos por consenso, las pequeñas disputas familiares, las congojas por los malos espiritus o ánimas del mas allá. Contar era su método. A un marido celoso lo apaciguaba con un cuento sobre el producto de un marido inseguro o irresponsable. Una jóven enamorada, con un cuento sobre Ángeles que guardan el amor de los pretendiente en grandes conchas marinas custodiadas por sirenas del pacífico y a un alcohólico cantándole canciones no estrenadas y poemas compuestos por niños que todavía no nacían. En sanidad era temerario, curaba desde una roncha pestilente hasta un corazón herido por la infamia. Para curar usaba desde las raices mas extrañas de la exuberante selva tropical hasta las aguas termales de los mas empinados volcanes. Los catarros fuertes los curaba mezclando miel de abeja con la corteza de eucalipto y azufre volcánico. Los raros casos de cancer que aparecían en la población los trataba con sábila negra y la primera caca del recién nacido y para los insomios y la infertilidad usaba los pétalos de florifundia mezclados con leche de cabra negra y huevos de bagre de río. Nunca se negaba, siempre estaba dispuesto a ayudar a su pueblo. Cuentan que en un otoño previno la inminencia de un terremoto en la localidad, con solo observar el comportamiento de los pijijes, perros y lagartijas con la densidad y forma de las nubes evitando que alguien muriera, saliese herido o perdiera sus frugales propiedades.
A los niños los entretenía con cuentos de duendes fluorescentes que aparecían llenos de golosinas en Diciembre y que conocían los nombres de todos los chicos y chicas del pueblo a quienes llamaban para regalarles una canasta llena de chocolates, batidos de leche, y dulces de toda especie y también contando sobre las batallas cotidianas de los osos con los colibris por apoderarse del panal de miel en los árboles, donde los diminutos pájaros salían victoriosos gracias a sus coordinados ataques de cientos de ellos hasta que hacían desistir al hambriento mamífero.
A los adultos y jóvenes les solía contar cuentos sobre los fantasmas que llegaban a frecuentar los alrededores del pueblo, principalmente en los ríos, barrancos, y caminos desolados. Su favorito era el del Cadejo, un espirítu que se metía en los cuerpos de los perros para cuidar a los hombres que se pasaban de copas y se quedaban durmiendo a la orilla de los árboles cuando ya no alcanzaban llegar a sus casas. Si alguíen se acercaba a ellos con mala intenciones el perro se transformaba en un horrible monstruo, con siete cabezas de tigre, manos de águila y cuerpo de caballo. De cada cabeza en lugar de ojos tenía unos rayos de fuego que impedía a los intrusos acercarse y de su boca abierta salía miles de escorpiones negros listos para atacar lo que intimidaba terriblemente a cualquier intruso que optaba por salir disparado del lugar.
Andrés iba a continuar con el relato cuando se parcató que Sybel dormía placenteramente.
Y pensó, mañana por la noche le agregaré el párrafo que el anciano me indique.
Roberto Lemus
Berkeley 4/20/2009
¡Necesitas ser un miembro de CUENTOS FANTASTICOS para añadir comentarios!