Si alguna vez se dijo "bienaventurados los simples", pues eso fue una trampa. Nadie más fácil de dominar y embaucar que un simple y un ignorante.

Cuando el conocimiento fue calumniado, perseguido y excomulgado, y los pocos libros sobrevivientes permanecían encadenados a sus anaqueles en las sórdidas y oscuras bibliotecas de los monasterios juntando moho y alimentando a las polillas, los seres humanos embrutecidos se arrastraban afuera como larvas sobre la inmundicia, despojados del último destello de su humana dignidad.

La ignorancia no es virtud. Es señal de desidia. La ignorancia
deshumaniza. El conocimiento es pues más que un derecho:
ES UN DEBER!
Nos lo debemos a nosotros mismos, a la preservación de esa chispa divina (
Götterfunken) que el Creador nos dio en forma de intelecto racional.
-Domovilu-.
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