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Punto de encuentro de los errabundos quiltros de la creación.

La espera parecía eterna, las nubes se presentaban recias y la tormenta fraguaba su caída triunfal, no obstante, Antonio se resguardaba bajo la cobija de aquel árbol de cuyos frutos había nacido la esperanza de amar hace un año atrás. Helena en aquel entonces en plena tarde otoñal, presentía la extremada y temida tempestad, pero eran tiempos distintos, hoy nada sería igual.

Ella aún no estaba convencida si sería oportuno contarle acerca de la vida que se gestaba en su interior, cuántas penurias pasaría si él la abandonaba, cuánto sufrimiento le causaría su lejanía, su vida sería mísera si perdía a aquel amor, manantial de dicha que se tornaría un holocausto al renunciar a esta nueva vida.

Antonio estaba decidido, desde hoy nada sería igual, ansiaba con todo su ser poder entregarse a aquella ninfa que ante los ojos de cualquiera parecía inmortal, sublime y hermosa como una diosa griega en su cenit celestial, estaba dispuesto a amarla hasta el final de la eternidad.

La decisión ya había sido tomada, éste sería el final para la criatura de la que nunca sería madre pero que jamás dejó de añorar, sin duda, hoy nada sería igual.

Las campanas replicaban y testimoniaban lo que en aquel recinto se forjaba, ella estaba sola, sólo una partera la acompañaba, pero esta vez aquel niño sólo se conformó con la luz que destelló efímera ante sus dos ojos membranosos, él lo sabía, era el sacrificio de un amor.

Antonio nunca se imaginó que fuese capaz de negar y evadir su responsabilidad, pero hoy era distinto, estaba arrepentido y a la espera de su amada mientras la lluvia descendía triste como la lágrima del hijo al que nunca pudo amar.

Etiquetas: microrrelatos

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LIZ Comentario por LIZ el junio 8, 2009 a las 11:16am
Cuánto dolor se transmite a través de tus letras, José Patricio.
Todos hubieron de sacrificarse... ojalá por lo menos ese amor perdure.
Saludos
Liz
Alicia Fontecilla Comentario por Alicia Fontecilla el junio 7, 2009 a las 8:59pm
Un relato nostálgico y triste, como el precio excesivo que a veces se paga por un amor que nada garantiza será eterno.
Saludos
Aly

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NACIMIENTO




No es preciso, nadie sabe como aconteció

que del génesis surgiera la muerte

sin la ambivalencia necesaria para quemar la edad

y clavar árboles al borde de la tierra.


Nací muerta y sin embargo

a veces he sentido esa vaga conciencia de la vida,

fui niña con lenguaje de anciana

y hembra con espasmo de vientos.


Unos días mi madre me acunaba con el aleluya

de su mirada y otros me cerraba los ojos

para que no bebiera del fondo de la tierra...

Creación de
ENZINA SANTACROCE



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LITERATURA

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Videopoema de
AGUSTIN CALVO GALAN


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BUCÓLICO

El enorme pez impulsa su cuerpo por sobre la línea del horizonte que divide las aguas del lago, se sostiene unos segundos contra las nubes difuminadas en la niebla que comienza a atrapar la luz del atardecer y cae nuevamente hundiéndose en una finísima lluvia de vapor que se condensa poco a poco en el marco del olvido.

Las lisas aguas del lago no cuentan la historia de tan solo unos segundos atrás, los árboles recortados contra el cielo brumoso no se emocionan ante el espectáculo del poder del enorme cuerpo del pez, capaz de impulsarlo hasta el gélido aire de una tarde de invierno, en un salto que queda detenido en la retina del hombre que observa a lo lejos, desde la orilla.

El espejo de la tarde penetra en el alma del hombre, quien se rinde jubiloso ante el regalo de una visión de grandeza: el frío, la niebla, el pez, los árboles, el lago.

La eternidad deja una cicatriz en la conciencia, un tatuaje en la memoria que lo portará hasta el momento en que toda luz se rompa ante la invasión impostergable de la noche.

Cuento de
ALICIA FONTECILLA

Distintivo

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